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Romero el mártir salvadoreño

“Dios va conmigo y si algo me sucede pues estoy dispuesto a todo”, monseñor Oscar Arnulfo Romero y Galdámez

Redacción  Foto/Museo de la Palabra y la Imagen

Su muerte con toda claridad no fueron causas naturales; la iglesia católica salvadoreña mantiene en firme que fue asesinado por pregonar la verdad; bajo toda presión de diferentes estractos sociales.

Estas afirmaciones son respaldadas por los  expedientes  de la Comisión de la Verdad, en conjunto con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y el expediente del Vaticano quienes reafirmaron el resultado de las investigaciones.

Asimismo, la jerarquía católica, trabaja para que sus devotos, no desliguen el hecho fundamental relacionado a la muerte de muchos profetas de Dios con el principal ícono de la iglesia salvadoreña Romero y Galdámez.

A través de las sagradas escrituras, se encuentra el ejemplo de Esteban (sin olvidarnos de Jesucristo) considerado el primer mártir de la iglesia quien  fue acusado de revoltoso, disidente, revolucionario y activista social. También lo señalaron como terrorista porque “supuestamente” estaba levantando al pueblo para derrocar a los líderes  de la época.

Ciertamente, con Romero, existió mucha similitud ¿cómo? Se le acusó de comunista y guerrillero;  que obedecía una clara línea ideológica de izquierda. Entonces hay una correlación ¿quiénes fueron los orquestadores del asesinato de Esteban y de Jesucristo? Fueron fariseos sumos sacerdotes, escribas y ancianos del pueblo.

Es decir las instancias de la autoridad religiosa formaron un complot; el cual incluía pagar a personas que brindaran información de su ubicación y actividades para facilitar su captura.

En el caso de Jesucristo, se realizó un juicio sumario, hipócritamente (escudándose en su pureza religiosa) lo entregaron al  poder romano.

Además, el asombro de los romanos les llevó a preguntar  ¿de qué se le acusa a este hombre? Y ofrecen la opción de liberar a quien el pueblo decida, entre Jesús y Barrabas.

Evidentemente fue una estrategia del poder para garantizar el asesinato de Jesucristo, sobornaron a la multitud para que pidiera la libertad de quien representaba la maldad y la corrupción; los que gritaban “crucifícale” eran creyentes de Dios.

Sin lugar a dudas, la historia, se repite con monseñor Romero los autores intelectuales y materiales fueron católicos cristianos confesos la parte recalcitrante y primitiva (los poderes más complejos) acusaron a Romero de contaminar la iglesia católica y difundieron ese rumor  en los  medios de comunicación social de su propiedad. En su error ideológico de auto comprensión, hasta  creen que le hicieron un favor a la iglesia tradicional.

Sin embargo, el expediente del vaticano, sienta posición clara y firme  ante el asesinato de Romero señala sin temor a equivocaciones, a los responsables de ese brutal acto sin dejar de mencionar  a los financistas quienes “tiraron la piedra y escondieron la mano”.

¡¡Matelon, matenlo !! Gritaban los auspiciados por el poder oscuro; quienes en la actualidad se cuelan entre la multitud juntando sus manos y elevándolas al cielo  “lamentan lo sucedido”.

Por su parte, el profeta Oscar Arnulfo Romero y Galdámez, exige justicia por esta tierra del hambre con su evangelio en la mano, continúa diciendo al oído “En nombre de Dios, pues y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos les suplico les ruego les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!”.

Le impusieron el silencio, pero la historia no callará…

 

 

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