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Nicaragua indignada por la represión

Durante mucho tiempo, Ortega contó a los estudiantes, organizados por los líderes del Frente Sandinista desde la administración de los campus, con algunos de los partidarios más fieles de su gobierno en Nicaragua. Sin embargo, hora muchos estudiantes se están volviendo en su contra

Estudiantes asesinados

EnLaMira-Internacional

Álvaro Gómez tenía 17 años cuando se ofreció de voluntario en la década de 1980 para tomar las armas en defensa de la revolución sandinista del presidente Daniel Ortega en Nicaragua frente a los Contras, grupos rebeldes respaldados por Estados Unidos, en la década de 1980. Perdió una pierna en un accidente durante una misión.

Ahora, a sus 48 años, Gómez acaba de perder a su hijo de 23 años, también llamado Álvaro, quien recibió un disparo letal durante un enfrentamiento entre policía y jóvenes durante una protesta liderada por estudiantes contra el gobierno de Ortega en la ciudad de Masaya. Gómez cree que agentes antimotines apretaron el gatillo.

“Da pena decir que uno defendió la revolución”, dijo Gómez, maestro de matemáticas en una escuela secundaria que apoyó a Ortega cuando perdió la reelección en 1990 y de nuevo cuando recuperó la presidencia en 2006. “¿Para qué? ¿Para que vengan ellos y maten a nuestros hijos?”.

Sin embargo, hora muchos estudiantes se están volviendo en su contra, organizándose de forma independiente para oponerse a su mandato, enfurecidos por la letal represión de las protestas callejeras del mes pasado a manos de la policía y bandas formadas por jóvenes sandinistas.

La forma en la que salga Nicaragua de su crisis política dependerá de la disposición de estudiantes como el menor de los Gómez a seguir enfrentando al gobierno de Ortega. La nueva generación no conoce la guerra, aunque sus padres y abuelos luchan por conciliar sus recuerdos y la lealtad a la revolución con la ira por la dura represión a sus vástagos.

La Comisión Permanente de Derechos Humanos de Nicaragua, un organismo no gubernamental, informó el lunes que las protestas dejaron 65 muertos. Otros grupos y el gobierno han señalado que las cifras son menores.

Gómez contó que su hijo, como otros estudiantes, estaba enojado por ver como miembros de la Juventud Sandinista atacaron a un pequeño grupo de pensionistas que intentaban manifestarse contra la reforma del Seguro Social el pasado 19 de abril en Masaya. La policía bloqueó rápidamente la protesta y el apoyo a los estudiantes aumentó.

a violencia revivió malos recuerdos para Gómez padre, que ahora lleva una pierna ortopédica. Recuerda que en 1979, cuando tenía ocho años, vio los cuerpos de los asesinados por la Guardia Nacional del dictador Anastasio Somoza tendidos en las calles del vecindario de Monimbo, en Masaya, no muy lejos de donde su hijo fue baleado en el pecho el 21 de abril.

Pero empujados hacia Monimbo por la policía antimotines y la Juventud Sandinista, los manifestantes levantaron los adoquines para construir barricadas que les llegaban hasta la cintura en un barrio de casas bajas y pequeños talleres de zapatos y camisas.

Los manifestantes arrojaron piedras, bombas incendiarias y morteros caseros elaborados con trozos de tubería soldados. La policía empleó gases lacrimógenos, balas de goma y, en algunos casos, munición real.

Una Nicaragua unida

Los vecinos llevaron comida a los manifestantes y abrieron sus casas para atender a los heridos. El pequeño puesto policial del vecindario fue saqueado y quemado.

Janice González, una madre soltera de 21 años que estudia administración de empresas, dijo que los manifestantes respondieron cuando la policía les bloqueó el camino.

“Me indignó demasiado el hecho de sentir que nos estaban reprimiendo”, dijo. “¿Por qué no nos dejan marchar hasta donde vamos a ir? No les estamos haciendo daño”.

En un momento dado, González se vio en medio de un montón de gente que huía de una nube de gas lacrimógeno. Recordó las historias de las batallas callejeras que le contaban sus padres y abuelos.

“Mi abuela era guerrillera. Era ella de hecho que me enseñó a mí a disparar”, señaló González añadiendo rápidamente que no le disparó a nadie.

Su abuela estaba aterrorizada porque ella estuviese en la calle y le dijo que pensara en su hijo, apuntó. “Lo que estoy tratando de hacer es construir un mejor país para mi hijo”, agregó González.

Diálogo con los estudiantes

Un factor clave para que continúen las protestas será la capacidad de los estudiantes para organizarse.

Todas las universidades públicas tienen gobiernos de estudiantiles que forman la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN), pero los manifestantes sostienen que esos entes están controlados por partidarios al Frente Sandinista que ya no los representan.

Luis Andino, presidente del sindicato de estudiantes de la UNAN-Managua, dijo a una emisora de radio local que en un primer momento la UNEN respaldó las protestas. Pero, según añadió, “pasamos de una demanda justa que era que lo del seguro social se echará para atrás, que se logró, a una intención de botar al gobierno y en eso no estamos de acuerdo”.

Dos semanas después del enfrentamiento más sangriento, los estudiantes se refugiaban en el interior de la Universidad Politécnica de Nicaragua en Managua, reagrupados tras un enfrentamiento nocturno con la Juventud Sandinista y la policía. Entre ellos había seis heridos, y algunos de ellos fueron evacuados a centros sanitarios.

Los líderes de la protesta estaban exhaustos de intentar unificar los distintos puntos de vista de estudiantes de diversas universidades en una única voz coherente.

El cansancio se reflejaba en las caras de los voceros del Movimiento Estudiantil 19 de abril _ distinto del Movimiento (estudiantil) Universitario 19 de Abril.

En la tercera planta de un edificio de aulas, Jeancarlo López explicó que vivían en el campus por temor a ser asesinados si se van.

Convirtieron las aulas en una farmacia, un almacén guardar las donaciones y salas para tratar a los heridos. Algunos jóvenes van de sala en sala con uniformes de médico y estetoscopios colgados al cuello.

 

 

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