Opinión

La libertad de expresión es una falacia en El Salvador

Por: Carlos Driótez

Una vez más queda demostrado que en El Salvador no existe la libertad de expresión y que los medios se sesgan a los intereses políticos de funcionarios que están en el poder en cualquiera de los tres órganos de Estado.

La noticia que confirma lo dicho es que el conductor del  programa 8 en punto Sergio Méndez fue despedido, seguramente por los reclamos de algunos funcionarios, altos empresarios o miembros del Gobierno a quienes Sergio los puso en aprietos en alguna ocasión.

La noticia fue confirmada por Méndez y lo publicó La Prensa Gráfica que se refirió a su salida como “un producto de las embestidas políticas que he tenido en el buen ejercicio periodístico a lo largo de estos años”.

Esto no es nada nuevo en El Salvador donde los políticos se sienten ofendidos cundo un entrevistador o un periodista les hace preguntas que los dejan mal parados. Recordemos lo que pasó a Mauricio Funes cuando fue despedido del Canal 12 ante la petición que hiciera el expresidente Francisco Flores.

Otros periodistas también han sido despedidos por su trabajo que muchas veces cae mal a funcionarios de cualquiera de los tres poderes de Estado, como Rafael Domínguez que también fue despedido de Canal 33, o Juan Gálvez que dejó de trabajar en Diario El Mundo por lo mismo.

Por lo tanto es mentira que en nuestro país exista la libertad de expresión que tanto alardean los dueños de medios grandes como los dos periódicos principales o los dueños de canales de TV que siempre han estado al servicio del gran capital.

Hace falta mucho para que en El Salvador se respete el trabajo de los hombres de prensa y los grandes medios cumplan con su obligación de informar lo que sea sin importar que en esas notas se mencionen nombres de personas importantes.

Es más eso quizás es un sueño que los comunicadores nacionales jamás lo veremos hacerse una realidad porque la prensa, en su mayoría, defiende los intereses de los poderosos, de los corruptos, de los señores de cuello blanco y no los intereses de las mayorías.

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